Una calle de Kathmandú

En mi imaginación,
Tu piel es negra como las moras,
hueles a sacos de especias,
te atraigo tanto como me odias.

Duermes entre velos de princesas,
colgados de techos de sirvientas,
sueñas con alfombras voladoras.

Caminas con tus piernas robustas,
de pisar verdades arraigadas,
bailas a solas,
en ocasiones lloras,
alguna que otra vez amas
y rezas tanto como comes.

Quién sabe, si en tu imaginación,
huelo a leche de vaca
mi cara está estrujada
y en ella tengo dos nudras.

La riqueza cuelga de mis orejas
como demasiado, carezco de diosas
me huyes tanto como me buscas.

Ando con mis piernas delgadas
de pisar verdades que hablan otras lenguas,
Y las agujereo para anunciar que me ha parecido verlas.

Mi corazón se contrae y busco sentirme viva,
estoy aquí de pasada
me muevo como si bailara.

Entre tú y yo,
Solo nos separan algunas estrellas, pero deberíamos viajar a la velocidad de la luz para poder mirarnos.

Entretanto,
ante tus ojos,
solo en mi imaginación existimos juntas.