Una casa en un pueblo de dos casas

Si pudiera, yo no sé lo que haría.
Estiraría de tus pelos.
Quemaría a tus fulanas.
Enviaría a cuatro perros.
Arrancaría tus pestañas.

Si la libertad no comprometiera.
Te daría de comida al ganado.
Te arrastraría montaña arriba.
Que los faisanes te picaran el trasero pelado.
Y que te pisaran las vacas sagradas.

Y ya de noche bajo el cielo del Annapurna,
cuando ya no te quede aliento,
te abandonaría bajo la penumbra
donde habitan todos tus miedos

Lo que tus ojos verían.
¡Ay si yo pudiera!

Una mujer disimula su cuerpo cansado sobre la banqueta.
Se ríe con un susurro de su hijo
y de su risa se intuye que lo quiere por dos,
y por cuatro.

Cerca del fuego sus pieles morenas que se abrazan,
se cuentan historias sencillas y también silencios.

Y al fin solo, frente al espejo de quien podrías haber sido,
Cuando al buscar por todos lados ya no encuentres espacio entre sus brazos,
Quizás solo entonces te arrepientas de haberte ido.
Sin embargo, desde el marco de la puerta oscura,
Tu solo morirías de frío.